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Imagen: PildorasdeFe.net
Sufrió horribles torturas en la cárcel por amor a Jesús. Cuando volvió la paz, regresó con los suyos y vivió en la pobreza hasta a la ancianidad

Hoy también se festeja a:


Martirologio romano: En la ciudad de Nola, en Campania, (Italia actualmente), San Félix, sacerdote, que, según lo informado por San Paulino, durante la persecución furiosa, sufrió torturas insoportables en la cárcel y, una vez que se restablecida la paz, regresó con los suyos, retirándose en la pobreza hasta a la ancianidad, confesor invicto de la fe

Patronato: En favor de los animales domesticos, abogado espiritual de los campesinos y ganaderos. Contra la enfermedad y problemas de los ojos y la vista; contra el falso testimonio; la mentira y el perjurio;

Biografía

Félix era hijo de Hermias, un sirio que había sido un soldado romano. Él nació en la finca de su padre, en Nola, cerca de Nápoles, Italia. A la muerte de su padre, Félix distribuyó su herencia a los pobres, fue ordenado por el obispo San Máximo de Nola, y se convirtió en su asistente.

Los características más importantes que conocemos de San Féliz es a través de san Paulino, poeta y obispo de Nola, quien escribió su biografía a fines del siglo IV y lo tuvo como santo protector. También escribieron sobre él San Beda, san Agustín y Gregorio Turonense. El papa san Dámaso también le dedicó un poema.

Para destruir la Iglesia, el emperador Decio ordenó, en el 250, una persecución mortal contra los cristianos, principalmente contra los obispos, presbíteros y diáconos. Gobernaba entonces la grey de Nola el obispo Máximo, cargado de años, quien se refugió en las montañas de los Apeninos. Félix, que era presbítero, se quedó en la ciudad para vigilar y proteger a los fieles.

Cuando el Obispo San Máximo huyó al desierto en el comienzo de la persecución de Decio, Félix, quien en ningún momento escondió su condición cristiana, fue capturado en su lugar y encarcelado. Allí recibió innumerables torturas y sufrimientos, permaneciendo durante meses como prisionero. La tradición cuenta que fue liberado de la cárcel supuestamente por un ángel del Señor, quien al momento de liberarlo, lo hace ir en la búsqueda del Obispo Maximo, quien se encontraba sufriendo en el exilio, en las montañas, pasando frio, hambre y mucho dolor, trajo de vuelta a Nola.

San Félix fue dio un gran testimonio de amor, caridad y consuelo a su obispo. Socorrió a Máximo, aún arriesgando su propia vida, y desde ese momento compartió con él la experiencia amarga de la persecución cruel y violenta contra los cristianos.

Después de haberse librado de la persecución de Decio, quien murió en el 251, Félix seguía siendo un hombre perseguido, pero se mantuvo bien escondido hasta que la persecución terminó. Pero nuevamente volvió la amenaza a toda la comunidad cristiana cuando el emperador Valeriano, dictó una nueva persecución entre los años 256 y 257.

Cuando el obispo Maximo murió, el pueblo quiso elegir a Félix como su nuevo obispo, pero él declinó este gran honor y en cambio propuso a Quinto, un sacerdote mayor. Félix quería seguir siendo el mismo sacerdote misionero de su comunidad.

Félix pasó el resto de su vida en un pequeño pedazo de tierra y en la cual, compartió todo lo que tenía con los pobres, y murió allí, el 14 de enero. Su tumba pronto se hizo famosa por los milagros que se reportaron en lugar y se convirtió en centro de peregrinaje, y cuando San Paulino se convirtió en obispo de Nola, casi un siglo más tarde (410), tuvo la necesidad de escribir sobre su predecesor

San Félix de Nola es considerado como un mártir a pesar de que no fue condenado a muerte. Es considerado como un mártir porque él soportó muchas torturas y sufrimientos por amor a Jesús.

Patrono de los animales perdidos

San Paulino de Nola, una vez escuchó a un campesino rezando ante la tumba de San Félix de Nola. Él estaba orando porque sus bueyes habían sido robado y quería que San Félix intercediera por él para traerlos de vuelta. Él pronunció estas palabras: "San Félix de Nola, te ruego que traigas de vuelta a esos mismos animales. Yo no aceptaré a otros" Cuando el campesino regresó a casa, se encontró con la sorpresa de que todos sus bueyes estaban en el mismo sitió donde él los había dejado. Desde entonces, San Félix es venerado como el santo patrón que encuentra y trae de vuelta a los animales perdidos.

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