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Imagen: PildorasdeFe.net
Después de quince años entregada a placeres mundanos, se convirtió y promovió confraternidades para consolar a los enfermos y necesitados


Hoy también se festeja a:

Martirologio Romano: En la ciudad de Viterbo, en el Lacio (hoy Italia), Danta Jacinta Mariscotti, virgen, perteneciente a la Tercera Orden Regular de San Francisco, la cual, después de perder quince años entregada a placeres mundanos, abrazó con ardor la conversión y promovió confraternidades para consolar a los ancianos, fomentando el culto a la Eucaristía

Biografía

Jacinta nació en Vignanello, cerca de Viterbo, en 1595. A pesar de que su hermana mayor había abrazado la vida religiosa en el convento de San Bernardino de Viterbo, Jacinta no manifestó la menor inclinación a la vida de clausura, le gustaba en cambio asistir a todas las fiestas donde ella pudiese mostrar su gracia y elegancia.

Preocupado por este espíritu mundano de su hija, su padre decidió encerrarla en el convento con su hermana. Ella se mudó de casa, pero no cambió sus gustos. Cuando el padre la fue a visitar, ella le dijo:

"Aquí me tienes, vestida como una monja, como tú querías; pero incluso aquí, yo quiero vivir de acuerdo a mi condición social".

Ella entonces, le exigió a su padre, a cambio de quedarse, una habitación amoblada con todos los refinamientos de la comodidad y todo el lujo posible, una dieta especial y algunas formas de divertirse poco coherente con la vida religiosa. Así vivó ella en el monasterio durante 10 años, como un joven rica y noble.

Su conversión

Un día sobrevino la desgracia, Jacinta cayó muy enferma y de inmediato le enviaron un confesor a su habitación. Pero cuando el monje se dio cuenta de los lujos en los que vivía, se negó a cumplir sus compromisos con esa monja mundana, diciendo:

- "En el Paraíso no entran monjas soberbias y vanidosas".
- "Entonces, ¿yo ingresé a un convento para ser condenada?" respondió la chica.
- No, pero usted tiene que cambiar su forma de ser y reparar todo el mal ejemplo que ha dado a sus hermanas", le dijo el Monje.

Jacinta, impresionado por estas palabras, lloró amargamente y decidió tomar en serio la recomendación del confesor. Se las arregló para reparar el mal ejemplo que había dado a todas las hermanas, y se convirtió en no sólo una ejemplar religiosa, sino una santa franciscana.

Jacinta, intercambió el orgullo por la paciencia y la ambición por la humildad. Se convirtió en una religiosa muy devota y su fe creció fervientemente. Pero se destacó, sobre todo, en la caridad, se llenó de delicadeza y ternura por las hermanas y para con todas las personas que habitaban la población de Viterbo, a quien Jacinta socorrió en cada necesidad. Fue ella quien introdujo la devoción de las 40 horas durante los tres días de duraba el carnaval, para así atraer la gracia de Dios a un pueblo que se había distraído por estas diversiones mundanas.

Se hace fiel devota de San Miguel Arcángel, y dedica horas a la contemplación de la Pasión de Jesucristo. Tal es su ardiente deseo espiritual en la Misa que se llena de lágrimas cada vez que participa de ella.

Alrededor de ella comenzaron a surgir señales y prodigios maravillosos. También fue agraciada con el carisma de la profecía. Dejó un pequeño diario con algunas breves reflexiones que traducen su espiritualidad, alimentada en la devoción eucarística, la sed ardiente por la mortificación, y la devoción mariana

Con el fin de llevar almas a la perfección, y en agradecimiento a Dios por haberse compadecido de su vida de pecado, ella funda dos cofradías
  • La Compagnia dei Sacconi para la atención material de los enfermos y ayudarlos a bien morir
  • La Congregación de los Oblatos de María para avivar la piedad, hacer obras de caridad y fomentar el apostolado de los seglares

A su muerte, ocurrida el 30 de enero de 1640, contaba con 45 años de edad, sonaron todas las campanas de la ciudad, y todos los corazones de los habitantes de este pueblo, se conmovieron por el nacimiento al cielo de esta nueva flor de la santidad.

Santa Jacinta, ruega por nosotros, por todos los enfermos y por todos los que, entregados a lujos y comodidades, se han olvidado de Dios

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