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Imagen: WEB
Soportó pacientemente el dolor de las enfermedades del cuerpo. Una Hostia Eucarística Brillante confirma la voluntad de Dios sobre ella 

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Martirologio romano: En Schiedam, Gelderland, Países Bajos en la actualidad, Santa Liduvina, que, siendo virgen, soportó pacientemente la vida llevando las enfermedades del cuerpo, y que, confiando sólo en Dios, ofreció todo esto por la conversión de los pecadores y la liberación de las almas

Resumen: Santa Liduvina está patinando con chicas jóvenes en las heladas inmensidades de la aldea de Schiedam, Holanda, donde nació en 1380, y de repente se cae estrepitosamente y se rompe una costilla y además sufre de algunas lesiones internas. 
Luego que la llevaron a su casa, la colocaron en una cama, allí se mantendría por unos 38 años más hasta el día de su muerte. Esto le ocurrió a la edad de quince años. 
Después de esta tragedia, en secuencia le surgieron otras enfermedades, a lo que los médicos se sentían impotentes, pués no le encontraban la cura. 
Liduvina, con todos estos dolores indescriptible e insoportables, no muere, se encuentra al borde de la desesperación por no encontrar la forma de salir de esta condición. 
Sin embargo, su sufrimiento comenzó a cobrar sentido, cuando a través de las palabras de un sacerdote, John de Pot. Liduvina decide ofrecer sus dolores por la salvación de los demás, además pide una señal desde arriba para confirmar que esta ha sido obra de la voluntad divina sobre ella y entonces aparece una Hostia Eucarística Brillante, a la que también sus familiares la pudieron ver. 
Desde ese día, su casa se convierte en un destino para los peregrinos de todo el norte de Europa. Su vocación de escuchar y ayudar a los demás a soportar el sufrimiento humano llegó a su fin un martes de Pascua en el 1433. 

Biografía

Santa Liduvina está patinando con chicas jóvenes en las heladas inmensidades de la aldea de Schiedam, Holanda, donde nació en 1380, y de repente se cae estrepitosamente y se rompe una costilla y además sufre de algunas lesiones internas. Luego que la llevaron a su casa, la colocaron en una cama, allí se mantendría por unos 38 años más hasta el día de su muerte. Esto le ocurrió a la edad de quince años.

Después de esta tragedia, en secuencia le surgieron otras enfermedades, a lo que los médicos se sentían impotentes, pués no le encontraban la cura. Liduvina, con todos estos dolores indescriptible e insoportables, no muere, se encuentra al borde de la desesperación por no encontrar la forma de salir de esta condición

La ayuda proviene de un sacerdote, John de Pot, con discursos serenos sobre el sufrimiento acerca de la Pasión de Jesús. Del mismo modo, le dice que la fractura y sus otros males no son más que un desastre pero con gran sentido cuando los basa en el Señor, ella comprende que desde su cama puede colaborar en la redención; y ofrece Su dolor está la salvación de los demás. Santa Liduvina acepta: si el dolor tiene ese sentido y esa función, ella lo toma con ese sentido. Sólo, pide algo, una señal desde arriba que confirme que esto ha sido la voluntad divina. Y lo consiguió. Sobre su cabeza aparece una Hostia eucarística brillante, a la que también la ven los familiares y vecinos, que luego se niegan a escuchar al pastor, quien se fue huyendo diciéndo que eso era un fraude del diablo. De hecho, recurren al obispo, quien envía otro sacerdote. 

Un milagro viviente

Después del hecho, es natural que a su casa lleguen mucha gente de los países vecinos. El relato del milagro se esparce como si lo llevase el viento. Con el tiempo, otros vienen de Rotterdam, desde varios lugares en el Condado de Holanda. Y luego de Flandes, Alemania, incluso de Inglaterra. Ya no vienen para escuchar sobre el milagro de aquel día. Vienen por ella, porque ahora ella se ha convertido en un milagro viviente. Su casa es un lugar de esperanza. Su voz lleva a la oración y dirige la vida de cuantos llegan contándoles sus problemas: enfermos y sanos, buenos cristianos y villanos, ricos y pobres. Santa Liduvina los acoge a todos: escucha, habla, sufre, encomienda a Dios a todos sus visitantes. Todos los que dejan su casa se van llenos de gozo como provenientes de una fiesta: los enfermos incurables son libre de sus males secretos.

Su trabajo termina en la Semana Santa de 1433, cuando anunció sobrenaturalmente la muerte inminente, que viene el martes después de Pascua. Liduvina pasó días y días sin comida, y fue reducida a una sombra y una voz.

En 1890 el Papa León XIII autoriza el culto en su honor.

Santa Liduvina, ruega por nosotros y por todos los enfermos. Amén

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PildorasdeFe.net | Biografia de Santos y Beatos

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