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Viajando hacia Damasco, persiguiendo a los cristianos y a los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino 

Hoy también se festeja a:


Martirologio Romano: Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino, eligiéndole para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo.

La Fiesta de la Conversión de San Pablo se celebra cada año el 25 de enero, el día en que concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 

San Pablo, con su conversión, llegó a ser un gran defensor de la unidad de los cristianos, para la cual él trabajaba sin descanso, y la Iglesia ahora recuerda cada año ese maravilloso evento

Historia

Saulo, como se llamaba anteriormente, había pasado los primeros años de su vida estudiando en Jerusalén y persiguiendo a los cristianos porque predicaban en contra del templo. Él, además, fue testigo de la lapidación de San Esteban, primer mártir de la Iglesia. 

En algún momento alrededor del año 35 o 36 D.C., sin embargo, se encontró con Cristo en su camino a Damasco

Las Sagradas Escrituras, en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 9, narra la Conversión de San Pablo de la siguiente manera:

"Mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Él preguntó: "¿Quién eres tú, Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer". Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco.” (Hechos 9,3-8)

En ese momento, Pablo fue cegado durante tres días, y se tuvo en Damasco, donde el Señor, en una visión, le dijo a Ananías, un discípulo, que fuese donde se encontraba Pablo para que lo sanara, diciéndole:

“Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre” (Hechos 9,15-16)

Cuando Ananías encontró a Pablo, le impuso las manos, y en ese momento, "algo como escamas se cayeron de los ojos de Pablo” había sido sanado y se hizo bautizar, y comenzó entonces a predicar a Jesús en las sinagogas.

Su repentino cambio confunde los judíos, que posteriormente se enfadaron con él y trataban de matarlo por dondequiera que se lo encontrasen, e incluso, en una oportunidad, lograron capturarlo, lo lapidaron y lo creían muerto, pero el Espíritu de Dios lo protegió y le hizo permanecer con vida.

Pablo, sin embargo, continuó predicando a los judíos, a pesar de las contrariedades que sufría, así como también predicaba a los gentiles, tratando de difundir el Evangelio a todo el mundo a cualquier precio.

Su conversión y su arriesgada lucha en la predicación, tuvo un efecto enormemente positivo en la vida de los cristianos. Se convirtió en uno de los grandes evangelizadores de la Iglesia, ayudando a traer a muchas personas a ella.

Aunque la mayoría de los santos tienen fiestas en función de su fecha de fallecimiento, San Pablo es uno de los pocos santos que tiene un día de fiesta por conmemoración de su conversión.

La conversión de San Pablo demuestra que cualquiera puede ser perdonado y llevado a una vida con Cristo, aun de los que antes están del lado completamente opuesto del cristianismo. Este es un hecho que la Iglesia quiere recordar y celebrar debido a su gran importancia para los cristianos de todo el mundo

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, que por tu misericordia divina hiciste instruir a tu bendito apóstol San Pablo para cumplir con el propósito que le tenías asignado, lo llenaste con todo tu poder y la fuerza del Espíritu Santo para predicar, concedemos también a nosotros, por intermedio de su intercesión, que podamos servirte con temor y valentía, darte los frutos que te corresponden y así estar lleno de la comodidad de tu don celestial. Por Cristo nuestro Señor. Amén

"Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo." (1 Cor 11,1)

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