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Sacerdote que, durante la cruel persecución religiosa en México, dio testimonio derramando su sangre por su amor a Cristo y a su Iglesia 

Martirologio romano: En la aldea de San Julián, en el territorio de Guadalajara, en México, san Julio Álvarez, presbítero y mártir, que en la cruel persecución religiosa dio testimonio derramando su sangre por su fidelidad a Cristo Señor y a su Iglesia (1927)

El martirio de muchos fieles de la Iglesia en México ha sacado a la luz la gran santidad en la vida cotidiana que vivían muchos de sus hijos. El testimonio de su sangre, no es más que la coronación del testimonio de su vida. Obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos y gran número de laicos dan muestra de ello.

Biografía

Julio nació el 20 de diciembre de 1866 en Guadalajara, Jalisco. Sus padres eran pobres y de joven aprendió el oficio de sastre para ayudar al sustento de los suyos. En el calor de la fe vivida en su familia surgió la conciencia de su llamado a la vida sacerdotal. A Dios gracias, su responsabilidad en los estudios y la ayuda económica de algunos bienhechores, lograron que Julio ingresara al Seminario Conciliar de Guadalajara a los catorce años.

Cuando estaba pronto a cumplir los 28 años, su arzobispo, don Pedro Loza y Pardavé, lo ordenó presbítero el 2 de diciembre de 1894. Una semana después lo envió a su primer y único destino, una capillita en el pueblo de Mechoacanejo, que más tarde sería elevada a Parroquia. Sus ovejas pronto agradecieron al Señor y a la Virgen de Guadalupe, que les hayan enviado un pastor tan bueno y tan preocupado por todos. Desde que el P. Julio llegó a Mechoacanejo, el fervor creció y la participación en la Eucaristía era mayor.

Se distinguió por ser amable y bondadoso con todos, era cercano y sencillo y llegaba a tal desprendimiento que incluso llegó a regalar la camisa que llevaba puesta a quien la necesitaba. A sus fieles también les enseñó el oficio de la sastrería y muchas de sus ovejas pobres vistieron las prendas que él mismo confeccionaba con sus manos.

En agosto de 1926, los Obispos de México decretaron la suspensión del culto público, por los terribles atropellos que cometía el gobierno contra la Iglesia, hechos que dieron inicio a las persecuciones contra los católicos y que desencadenaría en una lucha conocida como "la Guerra de los Cristeros". El Padre Julio, como muchos otros sacerdotes, decidió permanecer en su Parroquia y atender desde la clandestinidad a sus feligreses.
Su muerte

Enterado de la muerte de sus hermanos sacerdotes en todo el país, el no se creía digno del martirio. Sin embargo, el Señor lo llamaría amorosamente a conformarse con él en la cruz. En marzo del año siguiente, el ejército reprimió duramente a los católicos que se sublevaron contra las leyes anticlericales.

El día 26, el padre Julio fue capturado junto con dos jóvenes, mientras se dirigían a un rancho a celebrar la Misa. Inmediatamente fueron enviados a la prisión de San Julián donde el padre fue sometido a varias torturas.

El 30 de marzo, le llevan al paredón y sabiendo que su fin está cerca le dice al capitán al mando:

"Bien, ya sabía que tenían que matarme porque soy sacerdote; cumpla usted la orden, sólo le suplico que me concedan hablar tres palabras: Voy a morir inocente porque no he hecho ningún mal. Mi delito es ser Ministro de Dios. Yo les perdono a ustedes; sólo les ruego que no maten a los muchachos porque son inocentes, nada deben".

Después de estas palabras recibió la descarga y cayó muerto.

Su cadáver fue recuperado de un basural por algunos creyentes de San Julián y lo sepultaron en el templo parroquial. Años más tarde, sus restos fueron trasladados a Mechoacanejo. Los lugares de su prisión, martirio y sepultura, son meta de peregrinación de numerosos fieles, que van a rezar a este ejemplar sacerdote que murió por amor a Jesucristo y a la Iglesia.

Fue canonizado posteriormente por el Papa San Juan Pablo II en el año 2000.

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PildorasdeFe.net | Biografía de Santos y Beatos
Con información de Prelatura de Ayaviri
 
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