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Imagen: Píldoras de Fe
Fundadora de la Compañía de las Hermanas de la Cruz, que no se reservó ningún derecho para sí sino que lo dejó todo para los pobres



Martirologio Romano: En Sevilla, en España, santa Ángela de la Cruz Guerrero González, fundadora de la Compañía de las Hermanas de la Cruz, que no se reservó ningún derecho para sí sino que lo dejó todo para los pobres, a los cuales acostumbraba llamar sus señores, y los servía de verdad (1932).

Biografía

Nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla, en el seno de una familia sencilla. Sus padres, Francisco Guerrero y Josefa González, tuvieron 14 hijos, pero sólo seis llegaron a mayores de edad a causa de la terrible mortalidad infantil que existió durante el siglo XIX.

Sus padres eran los cocineros de un Convento. Su padre murió cuando ella era apenas una niña. Sin embargo la mamá sabría darle los admirables valores del alma a su hija Ángela.

Descubriendo su vocación

Por carecer de recursos, apenas logra aprender a leer y escribir. Ella crecía en un piadoso ambiente familiar, y pronto los frutos de su bondad saldrían a la vista. A los 12 años, comienza a trabajar en una zapatería para poder ayudar a su familia.

Ángela, con lo poco que gana, lo distribuye entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 la enfermedad de la cólera amenaza a Sevilla. Ángela hace de todo para ayudar a los enfermos que han caído en esta desgracia. Durante ese tiempo, ya contaba con 19 años, le confiesa al Padre Torres su deseo de ser monja

Quiso entrar en las Carmelitas Descalzas, pero las superiores le negaron la entrada porque las superioras tenían miedo de que su cuerpo debilucho y flaco,no pudiese soportar las duras labores del convento. Lo intentó nuevamente pero esta vez en las Hermanas de la Caridad. Fue admitida y llegó a vestir el hábito, pero salió del convento al enfermarse terriblemente.

La monja de los pobres y el mundo

Viendo que no lograba ser monja en ningún convento, se dijo entonces: "seré monja en el mundo" e hizo los Votos religiosos. «"María de los Ángeles Guerrero, a los pies de Cristo Crucificado" promete vivir conforme a los consejos evangélicos», es lo que queda escrito en un billete de fecha 01 de noviembre de 1871

Dos años más tarde, Ángela pone en manos del doctor Torres Padilla unas reflexiones personales en las que se propone, no vivir siguiendo a Jesús con la cruz de su vida, sino vivir clavada en ella junto a Jesús. De ahora en adelante se llamará Ángela de la Cruz., y en 1873, formula votos perpetuos fuera del claustro, y por el voto de obediencia queda unida al padre Torres.

La Compañia de la Cruz

Por su cabeza pasa la idea siempre de: "hay que hacerse pobre con los pobres". y le surge constantemente otra idea de la que no podía escapar: fundar la "Compañía de la Cruz". Descubriendo que esto puede venir de Dios, Ángela comienza a darle vida a este proyecto. Encuentra tres compañeras: Josefa de la Peña, una terciaria franciscana, Juana María Castro y Juana Magadán, dos jóvenes pobres y de un gran corazón.

Comienzan alquilando un pequeño convento con el dinero de Josefa: un pequeño cuarto con derecho a cocina compartida, y desde allí organizan su servicio de asistencia a los más pobres. Más tarde se trasladan a otro lugar más amplio. Estrenan hábito y sus compañeras comienzan a llamarle "Madre". Entre duras penitencias y mortificaciones, fieles a la causa de los pobres, consiguen obtener en 1876 la admisión y bendición del Cardenal Spinola.

La Compañía comienza a crecer. La siguen bastantes jóvenes y mayores que quieren imitar sus virtudes. Tendrán como principal bandera a la austeridad. Y enseguida, Roma reconoce las virtudes de este grupo de monjas y aprueba esta Obra de Dios.

Con mucho sacrificio y trabajo arduo, crean internados para niñas huérfanas, escuelas para niñas humildes, escuelas nocturnas para las obreras, asisten y ayudan a los enfermos.

Su muerte

Eran las 2:40 de la madrugada del día 2 de marzo de 1932, cuando Sor Ángela, levantando los brazos hacia el cielo, entregó su espíritu. Murió santamente por el servicio y el amor al prójimo. Su cuerpo, hoy en día permanece incorrupto y es venerado por todo el pueblo de Sevilla. El día 28 de julio del año anterior, ella había perdido el habla. Sus últimas palabras fueron:

"No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera"

El Papa San Juan Pablo la beatificó en Sevilla el 5 de noviembre de 1982, y más tarde la proclamó Santa el 4 de mayo de 2003. El pueblo la aclamó como "Madre de los pobres" 


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