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Durante la persecución de los cristianos, se negaron a comer la carne de los animales que había sido  sacrificada a los ídolos y fueron condenadas a morir en la hoguera.


Hoy también se festeja a:

Martirologio romano: En Tesalónica, Macedonia, ahora Grecia, Santas Agape y Quionia, vírgenes y mártires que, durante la persecución de los cristianos bajo mandatos del emperador Diocleciano, se negaron a comer la carne de los animales que había sido sacrificada a los ídolos, fueron entregadas al gobernador Dulcecio y condenadas a moriren la hoguera

Biografía
El emperador Diocleciano comenzó una de las más duras persecuciones efectuadas sobre la Iglesia Cristiana. Comenzó con una proclamación el 31 de Marzo del año 297 d.C. que si bien era contra los maniqueos, colocaba las bases para la persecución cristiana al afirmar "Es criminal poner en duda la validez de lo establecido desde tiempos antiguos".

A partir del 23 de febrero del año 303 d.C hasta el febrero del 304 d.C. promulgó cuatro edictos sucesivos. El primero prohibía el culto cristiano, se confiscan los libros religiosos y se destruyen las iglesias, el cristiano es excluido de cualquier función pública y sometido a limitaciones jurídicas. El segundo edicto va todavía más allá ordenando el arresto de los líderes de las iglesias, seguido de inmediato por el tercer edicto que permitía la liberación de estos encarcelados si consentían hacer libaciones y sacrificios a los dioses paganos. A pesar de esto la Iglesia permaneció firme y se negó a apostatar de la fe, por lo que vino el cuarto edicto: Todos los habitantes son obligados a sacrificar a dioses paganos bajo amenaza de las más terribles torturas, la muerte, condenas a trabajos forzados en las minas.

En aquella época vivían en Tesalónica de Macedonia tres hermanas cristianas, Agape, Quionia e Irene, hijas de padres paganos, y que tenían en su poder varios libros de la Sagrada Escritura

El martirio de estas tres jóvenes hermanas se cuenta en un documento que es una versión un poco amplia de testimonio auténtico. Las mujeres fueron apresadas y llevadas ante el gobernador de Macedonia, Dulcicius, acusado de negarse a comer la comida que se ofreció en sacrificio a los dioses.
Se produjo entonces el siguiente diálogo entre el gobernador y las mártires:

¿Están locas? ¿Cómo se les ha metido en la cabeza desobedecer al mandato del emperador?, dijo el gobernador. Después, volviéndose hacia Agatón, le preguntó:

¿Por qué te niegas a comer la carne ofrecida a los dioses, como lo hacen los otros súbditos del emperador?

- Porque soy cristiano, replicó Agatón.

¿Estás decidido a seguir siéndolo?, le preguntó el gobernador

- Sí. 

Entonces, el gobernador interrogó a Agape sobre sus convicciones religiosas. Su respuesta fue la siguiente:

- Creo en Dios y no estoy dispuesta a renunciar al mérito de mi vida pasada, cometiendo una mala acción.

Y tú, Quionia, ¿qué respondes?, le preguntó el gobernador

- Que creo en Dios y por consiguiente no puedo obedecer al emperador, respondió

A la pregunta de por qué no obedecía al edicto imperial, Irene respondió: "Porque no quiero ofender a Dios".

¿Y tú, Casia?, preguntó el gobernador nuevamente

- Porque deseo salvar mi alma.

¿De modo que no estás dispuesta a comer la carne ofrecida a los dioses?

- ¡No! 

Felipa declaró que estaba dispuesta a morir antes que obedecer. Lo mismo dijo Eutiquia, una viuda que pronto iba a ser madre. Por esta razón, el juez mandó que la condujesen de nuevo a la prisión y siguió interrogando a sus compañeros:
Agape, ¿has cambiado de decisión? ¿Estás dispuesta a hacer lo que hacemos quienes obedecemos al emperador?
- No tengo derecho a obedecer al demonio, replicó la mártir; todo lo que digas no me hará cambiar.
¿Cuál es tu última decisión, Quionia?, prosiguió el gobernador.
- La misma de antes.
¿No poseéis ningún libro o escrito referente a vuestra impía religión?
- No.El emperador nos los ha arrebatado todos".

A la pregunta del juez de quién las había convertido al cristianismo, Quionia respondió simplemente y con tono firme: "Nuestro Señor Jesucristo".

Cuando el gobernador les preguntó que de donde habían aprendido estas ideas tan extrañas, Quionia respondió: "Fue por nuestro Señor Jesucristo", a lo que entonces fue dictada la sentencia de que fuesen quemadas vivos.

El Gobernador además ordenó que Irene fuese desnudada y expuesta en un burdel, pero nadie abusó de ella, por lo que se le dio una última oportunidad de rendirse y renegar de su fe, cosa que jamás sucedió, así que luego fue sentenciada a muerte. Incluso los libros, las Sagradas Escrituras, fueron quemados públicamente.

Las otras mujeres y el hombre llamado Agatón, que fueron juzgados junto con estos mártires; fueron condenados a permanecer prisioneros. Jamás se supo lo que les sucedió después.

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