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Imagen: Pildoras de Fe
Desde la infancia, con una mente muy pura, dulce y feliz, caminó con rapidez el camino de la perfección cristiana. Antes morir que pecar


Martirologio romano: En Mondonio, en el Piamonte, Santo Domingo Savio, que, desde la infancia, con una mente muy pura, dulce y feliz, y siendo aún un adolescente, caminó con rapidez el camino de la perfección cristiana.

Domingo significa: Consagrado para el Señor, proviene del latín

Resumen: Tan sólo era un pequeño niño cuando decidió cuál sería su plan de vida: vivir como un verdadero y devoto cristiano. Este deseo se acentuó aún más, al escuchar un sermón de Don Bosco, después del cual decidió convertirse en un santo a como diera lugar. A partir de ese momento, su vida estaría llena de amor y de caridad hacia los demás, dando un testimonio fiel de grandes virtudes.  Estableció su programa de vida: "Voy a ir a la confesión frecuente y tomaré la comunión tantas veces como la que mi confesor me permita, quiero festejar los domingos y fiestas santas. Mis amigos serán, Jesús y de María. Antes morir que pecar". En 1856 fundó la Congregación de la Inmaculada Concepción y murió poco tiempo después, dejando un recuerdo valioso y hermoso de su persona a los jóvenes cristianos.

Biografía

Santo Domingo Savio nació en una familia de campesinos en Riva, Italia, en 1842. Cuando aún era pequeño, aprendió una lección importante sobre la caridad hacia el prójimo y toda su vida se esforzó mucho para ser muy caritativo. Domingo recibió su primera comunión a la corta edad de 7 años, un domingo de Pascua en el año 1849.

En su cuaderno, escribió cuatro reglas, las cuales cumplió con rigurosidad por el resto de su vida:

    1. Festejar los domingos y días de fiestas santos
    2. Mis mejores amigos: Jesús y María
    3. Asistiré a la confesión con más frecuencia y recibiré la Sagrada Comunión todas las veces que pueda
    4. Antes morir que pecar. Dominigo pensó que pecar era algo demasiado horroroso para su alma, y ​​siendo malo a ella, le está siendo malo a Dios, quien fue el que hizo que su alma fuese limpia y pura para poder ir al Cielo

A los doce años su padre se lo presentó a Don Bosco. - ¿Para qué puede servir esta tela?, preguntó Savio. - Para hacer un buen traje y regalárselo a Nuestro Señor. - Entendido. Pues yo soy la tela y usted el sastre: hagamos ese traje. Y de este modo entró Domingo en el colegio de Don Bosco, llamado "el Oratorio".

Oyó un día decir a Don Bosco: "Es voluntad de Dios que todos seamos santos. Es fácil hacerse santos, pues nunca falta la ayuda de Dios. Hay grandes premios para quien se". Y Domingo decidió hacerse santo. Don Bosco, su confesor y director, le enseñó que para ser santo no hacen falta grandes penitencias, sino cumplir la voluntad de Dios y servirle con alegría. Para ello es necesario sobrellevar con paciencia las molestias del prójimo, convertir en virtud lo que es necesidad, cumplir alegremente el propio deber y trabajar con ilusión por la salvación de las almas.

Domingo quería ser sacerdote durante toda su vida. En octubre de 1854, cuando Dominigo tenía tan sólo 12 años, fue inscrito como estudiante en el oratorio de San Francisco de Sales, que fue fundada por San Juan Bosco en Turín, Italia.

Desde muy tempraño en las mañanas, Dominigo se dirigía siempre al oratorio. Un día, de camino, se interpuso en el camino de dos matones, cada uno había insultado a la familia del otro y, por tanto, se iban a reñir lanzándonse pidras. Domingo sintió horror cuando se enteró de esto y pensó en una forma para tratar de detenerlos. Ya estaban listos cada uno de los personajes con su pila de piedra amontonada y listas para ser lanzadas, cuando Domingo se interpuso entre los dos, levantó un pequeño crucifijo y dijo: "Antes de luchar, miren esto. Jesucristo no tuvo pecado y yo le voy a dar una indignación por ser deliberadamente vengativo... Ahora, pueden cada uno de ustedes comenzar y tirar la primera piedra contra mí", Los dos jóvenes dijeron a Dominigo: "Lárgate de aquí niño, este no es lugar para ti y resultarás lastimado"

En lugar de irse, Dominigo corrió tan rápido como pudo a uno de los chicos y se arrodilló a sus pies, suplicándole que le arrojara todas las piedras a él. El muchacho estaba espantado al escuchar eso y más bien le dijo a Domingo que él nunca le haría daño y que incluso le protegerá si alguien se atreviera a hacerle daño. Entonces Dominigo salió corriendo a donde estaba el otro joven y se arrodilló delante de este y también le pidió que le arrojará todas las piedras a él. El otro chico respondió el mismo que el otro. Entonces Dominigo se colocó en medio de los dos y les dijo:

"Ustedes dos me juran que me protegerían y sin embargo están dispuestos a herirse entre sí, solamente por un insulto"

Los chicos luego deponer las piedras, se pidieron disculpas el uno al otro y toda la comunidad.

Domingo tenía su genio y sus arrebatos, pero aprendió a dominarlos. También pasó por la crisis de la edad. Don Bosco le repetía: "Constante alegría. Cumplimiento de los deberes sin desfallecer. Empeño en la piedad y el estudio. Participar en los recreos, que también pueden santificarse". Y tanto se esforzó éste pequeño apóstol que, según Don Bosco "Savio llevaba más almas al confesonario con sus recreos que los predicadores con sermones".

Era muy amante del canto. Tenía una voz hermosísima. El Papa Pío XII lo nombró patrono y modelo de los Pueri Cantores del mundo entero. Purificaba la intención: cantaba sólo para agradar a Dios. En la clase siempre estaba entre los primeros. También en esto quería dar ejemplo. Sabía que cada minuto de tiempo es un tesoro. Sabía que el tiempo es cielo.

Se desvivía por sus compañeros. Les aconsejaba, les corregía, les consolaba, les reconciliaba, como a dos que se habían desafiado "a muerte". Les socorría. A uno le dio sus guantes, aunque él tenía sabañones. No tenía respetos humanos. Era valiente en la profesión de la fe. No toleraba palabras malsonantes y menos blasfemias. Una vez sus compañeros tenían en sus manos una revista sucia. Se la arrebató y la rompió en mil pedazos.

Practicó una devoción tierna y profunda a la Virgen. A ella entregó su corazón. Vibró con emoción cuando en 1854 Pío IX definió el dogma de la Inmaculada Concepción. Su amor a Jesús Sacramentado era extraordinario. Apenas despertaba, su corazón volaba al sagrario. Le gustaba ayudar a Misa. Parecía un serafín cuando la ayudaba. Hacía frecuentes visitas "al Prisionero del altar". Otro de sus grandes amores era el amor al Papa. El Señor le premió estos amores con gracias y carismas muy especiales.

De repente se presentó una misteriosa enfermedad. Las causas pudieron ser el rápido crecimiento, el esfuerzo en el estudio -pues deseaba ser un santo y sabio sacerdote- y la tensión espiritual, en su afán por la salvación de las almas -otro de los amores de Don Bosco- especialmente en misiones.

Cuando se acercaba la muerte, abrió los ojos y dijo: "¡Qué cosas tan hermosas estoy viendo! ¡La Santísima Virgen viene a llevarme!" y así expiró. Era el 9 de marzo de 1857. Pío XII lo proclamó Santo el año 1954

El 9 de marzo se recuerda el nacimiento al cielo de Santo Domingo Savio, siendo el 6 de mayo la fecha fijada para la celebración litúrgica de su fiesta

Oración

Querido Santo Domingo Savio, tú que pasaste tu corta vida totalmente entregado al amor de Jesús y de su Madre, ayuda a los jóvenes de hoy para darse cuenta de la importancia de Dios en sus vidas. Te has convertido en un santo través de la participación fervorosa en los sacramentos, ilumina a padres e hijos sobre la importancia de la confesión frecuente y la Santa Comunión. Tú que siendo aún un niño meditaste sobre la dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesús, alcánzanos la gracia de un ferviente deseo de sufrir por amor a Él.

Necesitamos desesperadamente tu intercesión para proteger a los niños de hoy de las trampas del mundo. Vela por ellos y guíalos en el camino angosto al Cielo. Pídele a Dios que nos dé la gracia para santificar nuestras obligaciones diarias realizándolas con un espíritu alegre y con perfección en su amor.

Santo Domingo Savio, tú que conserva tu inocencia bautismal del corazón, ruega por nosotros. Amén

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