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Siguiendo las huellas de San Francisco, se entregó por completo a Dios, confió a su autobiografía profundas experiencias de su vida mística 

Martirologio romano: Nacida hacia 1248 en una familia pudiente, quedó huérfana de padre y fue educada por su madre de forma superficial. Fue introducida muy pronto en los ambientes mundanos de la ciudad de Foligno, donde conoció a un hombre, con el que se casó a los veinte años y del que tuvo hijos. Su vida era despreocupada, hasta el punto de que se burlaba de los penitentes. Muerto su esposo e hijos, escuchó a un Fraile predicar y comezó su conversión. Siguiendo las huellas de San Francisco, se entregó por completo a Dios y confió a su propia autobiografía profundas experiencias de la vida mística"


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Biografía

Nacio en una familia noble de Foligno, ciudad de la región de Umbria (Italia), cercana a Asis.


En los primeros años de su vida llevó la vida corriente de una mujer de su época, dedicada a su marido y ocho hijos y con escaso interés por la religión cristina, fue una pecadora: orgullosa, vanidosa, poco piadosa y dedicada a la vida mundana. Poseía riquezas, castillos, lujos, joyas y fincas, y muchos palacios.

Su conversión 

Cuando Santa Ángela tenía 35 años de edad, mueren sucesivamente su madre, su esposo y sus hijos. A través de esta gran aflicción, Ángela va al templo y escucha predicar a un franciscano, el Padre Arnoldo y con su sermón se da cuenta que ha vivido una vida bastante alejada de Dios. Hace una confesión de toda su vida. Se hace terciaria franciscana.

Visiones

Santa Ángela, aún en sus luchas interiores, decide ir en peregrinación a Asís, y allí, San Francisco en una visión le dice que es necesario hacer dos cosas muy importantes: vender todo lo que tiene, darlo a los pobres, y dedicarse a meditar en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Ángela hizo promesa de castidad perpetua y empezó a llevar una vida de penitencia. Lo vende todo, menos un palacio al que le tenía muchísimo cariño. Hasta que en otra visión escucha decir al mismo Jesucristo que le dice: “¿Y por amor a tu Redentor no serás capaz de sacrificar también tu palacio preferido?”. Lo vende también y todo el dinero recogido lo distribuye entre los pobres. Vende todas sus joyas y lujos, reparte el dinero entre los más necesitados, y se dedica a la vida de contemplación y meditación en la Vida, Pasión y Muerte del Señor. Así entonces, Santa Ángela cortó con sus últimas ataduras que la implicaban con la vida mundada.

Hacia el año 1291 realizó otra peregrinación a Asis para visitar la tumba de San Francisco. A la mitad del camino se hizo presente en ella el Espiritu Santo que la acompañó durante el resto del viaje. Al llegar a la Basilica de San Francisco de Asis, el Espíritu Santo la dejó y Angela al sentirse abandonada, en plena entrada de la Basilica empezó a gritar pidiéndole explicaciones del por qué se marchaba. Esto causó la espectacion de la gente, quienes pensaban que estaba loca, y se ganó una llamada de atención de parte de fray Arnaldo, que vivía entonces en Asis prohibiéndole regresar.

Un año mas tarde, en 1292, Fray Arnaldo fue trasladado de nuevo a Foligno. Al encontrarse con Angela, le solicito que le explicara la razón de sus gritos. Ángela le contó todo, haciéndole prometer que no le diría nada a nadie. Las explicaciones dadas por Ángela debieron de impresionar a fray Arnaldo, pues su actitud cambió, y comenzó a registrar por escrito sus confidencias. Estos escritos dan como resultado el Memorial (bibliografía), e Instrucciones, sus mas grandes legados.

El Memorial consta de 30 pasos y son un continuo conformarse con Cristo a través de la pobreza, el dolor y la humildad.

Ha sido llamada la Mística de la Pasión de Cristo. Y fue tan grande el amor que adquirió hacia la Pasión y Muerte del Señor, que le bastaba mirar una imagen de Jesús doliente u oír hablar de su Santísima Pasión para que se enrojeciera su rostro y quedara como en éxtasis. En visiones se la puede comparar a Santa Teresa y a Santa Catalina.

En su autobiofía Ángela dice lo siguiente:

“Yo, Angela de Foligno, tuve que atravesar muchas etapas en el camino de la penitencia o conversión. La primera fue convencerme de lo grave y dañoso que es el pecado. La segunda el sentir arrepentimiento y vergüenza de haber ofendido al buen Dios. La tercera hacer confesión de todos mis pecados. La cuarta convencerme de la gran misericordia que Dios tiene para con el pecador que quiere ser perdonado. La quinta el ir adquiriendo un gran amor y estimación por todo lo que Cristo sufrió por nosotros. La sexta adquirir un amor por Jesús Eucaristía. La séptima aprender a orar, especialmente recitar con amor y atención el Padrenuestro. La octava tratar de vivir en continua y afectuosa comunicación con Dios”.

En la Santa Misa, Ángela veía muchas veces a Jesucristo en la Santa Hostia. Dictó unas ultimas palabras a modo de testamento para sus discípulos, que se pueden resumir así:

“Os dejo toda mi herencia, es decir, la vida de Cristo: pobreza, dolor, desprecio”.

A su alrededor se reunía frecuentemente un selecto grupo de hombres y mujeres, terciarios franciscanos, a los cuales fue bendiciendo uno por uno como una madre cariñosa, la tarde del 4 de enero de 1309, y luego santamente y en gran paz, su alma voló a la eternidad.

Fue enterrada en la Iglesia de San Francisco del convento Franciscano de Foligno, el 30 de abril de 1707 Clemente XI aprobó el culto publico de beata en toda la Iglesia Catolica. Sobre su sepulcro se han obrado innumerables milagros.

De santa a beata y otra vez a santa

El itinerario canónico de Ángela de Foligno ha sido bastante inusual: en 1547 Pablo III la inscribió en el santoral de la Tercera orden de San Francisco con el título de Santa. Inocencio XII en 1693 aprobó su culto sólo para los franciscanos y sólo como beata, estableciendo como día de fiesta el 30 de marzo. 
El 30 de abril de 1707 Clemente XI aprobó su culto público en toda la Iglesia Católica, pero sólo como Beata, y estableciendo el 4 de enero como día de su fiesta. Ahora, 470 años después de su primera inscripción como santa, el Papa Francisco vuelve a inscribirla en el catálogo de Santos, el 9 de octubre de 2013, extendiendo su culto a la Iglesia Universal.

Las 8 etapas de Santa Ángela

En su Libro de la Vida o Autobiografía señala 8 etapas en su conversión, que enumera así:
  1. Convencerme de lo grave y dañoso que es el pecado.
  2. Sentir arrepentimiento y vergüenza de haber ofendido al buen Dios.
  3. Hacer confesión de todos mis pecados.
  4. Convencerme de la gran misericordia que Dios tiene para con el pecador que quiere ser perdonado.
  5. Ir adquiriendo un gran amor y estimación por todo lo que Cristo sufrió por nosotros.
  6. Adquirir un amor por Jesús Eucaristía.
  7. Aprender a orar, especialmente recitar con amor y atención el Padrenuestro.
  8. Tratar de vivir en continua y afectuosa comunicación con Dios

A continuación puedes leer en línea o descargarte su Memorial (bibliografía) e instrucciones ene l siguiente enlace: El Libro de la Vida

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