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Además también se le invoca para que proteja a los niños y jóvenes para que no caigan en los vicios y malas influencias 



Martirologio romano: En Milán, la pasión de San Pedro de Verona, sacerdote de la Orden de Predicadores y mártir, que, nacido de padres seguidores del maniqueísmo, abrazó de niño la fe católica y siendo aún un adolescente recibió el hábito del mismísimo Santo Domingo; por cualquier medio se involucró en la lucha contra la herejía, hasta que fue asesinado por sus enemigos en el camino a Milán, proclamando hasta el último aliento el símbolo de la fe

Resumen: Nació de padres herejes maniqueos, la justicia innata del corazón le hizo comprender inmediatamente de qué lado estaba la verdad. A los siete años aprendió en las escuelas el Credo católico, que para él no será una fórmula, sino un principio de vida, y una luz que iluminará su camino para siempre. Entró en la Orden de los dominicos, y sus largos años de preparación al apostolado sentó las bases de santidad que lo convertirían en un verdadero atleta de Jesucristo. Un día le confesó a un hermano que desde que era un sacerdote, celebrando la Misa, en la elevación del cáliz, siempre pedía al Señor la gracia de morir mártir, así era el ardor de su fe y su caridad. Nombrado en 1242 Inquisidor de Lombardía, luchó incansablemente contra todos los herejes con la verdad de la Palabra de Dios, hasta que fue asesinado en el camino a Milán. 


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Biografía

Pedro nació en Verona en 1205. Su familia era albigense, pero él tuvo la oportunidad de formarse en escuela católicas. Estudió en la Universidad de Bolonia y luego solicitó su entrada a la Orden de Santo Domingo, a quien conoció. Se entregó al carisma de la orden: la vida mística y la predicación. Practicaba actividades muy humildes como cuidar enfermos o asear el convento.


Cuando se ocupaba de extender el Evangelio por Lombardía, una calumnia, trajo por consecuencia que estuviere bastante tiempo recluido en el convento. Según la tradición, un día estaba arrodillado frente a un crucifijo quejándose de su situación, entonces oyó: "Pedro que hice yo para merecer la pasión y muerte." Al escuchar esto se tranquilizó y poco tiempo después fue comprobada su inocencia. 

El gran predicador

Fray Pedro iba de pueblo en pueblo señalando los errores de los movimientos heterodoxos y mostrando la riqueza de la religión católica, la cual había asimilado muy bien, por lo que daba el ejemplo siempre. Así iba reconquistando almas por donde quiera que pasara. Tenía gran elocuencia y el don de hacer milagros, la gente se apretujaba para escucharlo.

El dominico empezaba frecuentemente sus sermones con estas célebres palabras: "Cuarenta días se concede a Nínive para que se convierta, sino será destruida", entraba predicando y decía: ¡Oh ciudad de Milán! ¡Oh Parma! Tu eres otra Nínive conviértete a Dios, haz penitencia por tus pecados, porque de no hacerla serás presto arruinada y vendrá sobre ti el azote de Dios". Con este celo movía a los pueblos a la penitencia, por medio del sano temor a ofender al Creador.

Hacia el año 1234, el papa Gregorio IX nombró a Pedro inquisidor general para los territorios milaneses, debido a sus profundos conocimientos teológicos y su celo por las almas. Entonces desenmascaró ideas erróneas y reconcilió a muchos albigenses.

En 1244-45 el obispo de Florencia llamado Ardingo, invitó al dominico a su diócesis. Aquí conoció a los siete fundadores de los servitas, a quienes dio consejos y les reveló un secreto: la Virgen había señalado en un sueño a Pedro, que los colores del hábito de los siervos de María debería ser negro para simbolizar los dolores que padeció y que la regla que debían seguir era la de san Agustín.

Fray Pedro de Verona a su vez fundó la cofradía para la alabanza de la Bienaventurada Virgen María, de quien era un gran devoto y la asociación de la fe, para defender la ortodoxia.

El martirio

En 1252 anunció en un sermón que se estaba formando un complot contra él, pero añadió: "déjenlos tranquilos después de mi muerte seré todavía más poderoso". Poco tiempo después fue interceptado en un bosque, le dieron un hachazo en la cabeza y con la sangre que le escurría llegó a escribir en el suelo “Creo en un solo Dios”, es decir, realizó un último acto de fe.

El homicida llamado Carino se convirtió y entró a la Orden de Predicadores, donde murió en olor de santidad.

El proceso de canonización de fray Pedro de Verona ha sido uno de los más rápidos, ya al año de su muerte, en 1253 era autorizado su culto público. Inocencio IV le canoniza y se convierte en el protomártir de la Orden Dominicana

A san Pedro de Verona se le pide su intercesión para que proteja a los niños y jóvenes para que no caigan en los vicios y malas influencias. A su vez es invocado también para evitar robos, atentados y tener tranquilidad en el hogar. Este patronazgo surgió, ya que fue martirizado, durante su camino a Milán.


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