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= Imagen: Píldoras de Fe = 

Julita, madre cristiana y su hijo de tres años Quirico, fueron cruelmente asesinados durante la persecución cristiana de los primeros siglos

Martirologio romano: En Tarso de Cilicia, los santos Mártires Quirico y Julita, su madre, en el imperio de Diocleciano. Quirico, niño de tres años, que lloraba inconsolable a su madre, bárbaramente azotada con nervios de buey ante el emperador Alejandro, murió estrellado contra las gradas del tribunal; Julita, después de duros azotes y crueles tormentos, acabó el curso de su martirio decapitada (año 304)

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Biografía

Santa Julita era una joven dama perteneciente a la nobleza de la ciudad de Iconio, en Licaonia.

Durante el reinado de los emperadores Diocleciano y Maximiano, se desató la más sangrienta persecución contra los cristianos. Mientras esta persecución estaba en su apogeo más violento, Santa Julita, quien se había hecho cristiana, tuvo a su pequeño hijo Quirico. Al cumplir los tres años de edad, y acompañado por dos sirvientas, Julita huyó por su seguridad a Seleucia, en Isauria; donde, sin embargo, se encontró con Alejandro, el procónsul de Cilicia, quien igualmente ejerció una crueldad igual de bárbara que Domiciano, contra aquellos cristianos que se negaban a realizar sacrificio a los dioses.

Santa Julita se fue de Seleucia a la ciudad de Tharsis, donde, Alejandro llegó casi al mismo tiempo, y al momento de reconocerla, fue arrestada y conducida ante el juez con el infante Quirico en sus brazos.

Pusieron a arder las brasas al rojo vivo, con el fin de amedrentar a Julita y hacerla renunciar a Jesucristo, y que realizara algún sacrificio a sus dioses. Pero Julita respondió:

"Yo soy cristiana, y por lo tanto estoy dispuesta a perder, no sólo mis propiedades y bienes, sino también mi vida, en lugar de negar a mi Señor"


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El juez la instó a que renegara de su fe; pero ella insistía: "Yo soy cristiana: no puedo negar a Jesucristo."

El procónsul Alejandro, enfurecido por la testarudez de Julita, ordenó que el niño le fuese arrancado de sus brazos, y que debía ser azotada cruelmente, y así fue. Aunque Julita, recibió horribles torturas con mucha saña, continuamente seguía repitiendo: "Yo soy cristiana: no puedo realizar sacrificios a sus dioses."

El niño Quirico, con apenas tres años, estaba contemplando la agonía de su madre, y se esforzó por volver a sus brazos; pero Alejandro, para tranquilizarlo, lo puso en su rodilla, y trató de besarlo. El niño, sin embargo, mantuvo los ojos fijos en su madre, trató de liberarse del tirano, pero no tuvo éxito, hasta que gritó: "Yo también soy cristiano".

Alejandro, en un acto horroroso, cruel e inhumano lanzó al niño violentamente contra las gradas del tribunal, asesinándolo en el acto. Julita, aun agonizante, al ver las gradas salpicada con la sangre y el cerebro de su bebé, exclamó:

"Te doy gracias, Dios mío! por haber llamado a mi hijo en este momento a tu encuentro antes que a mí"

El juez, aún más enfurecido por esta exclamación insolente a sus oídos por parte de Julita, hizo que la desgarraran por sus costados con garfios de hierro, y tomaron algo de brasa ardiendo y la derramaron sobre sus pies.


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Mientras tanto uno de los que estaban allí le dijo:

- "Julita, ten compasión de ti misma; no te pierdas como tu hijo ha perecido; haz un sacrificio a los dioses."

- "No puedo", respondió ella, "ese sacrificio es para los demonios y para silenciar esas estatuas. Yo adoro al Señor Jesús, y quiero conocer a mi hijo en el cielo"

En aquel momento, el juez decretó que Julita debía ser decapitada. Esa frase llegó a los oídos de esta Santa y estalló en alegría.

Llegando al lugar donde entregaría su vida, Julita se arrojó de rodillas. Luego oró después de la siguiente manera:

"Oh Dios, que has tenido el agrado de admitir a mi hijo a la participación de la gloria de tus santos, gira tus ojos de misericordia en torno a mí también, y concédeme un lugar entre las almas destinadas a amarte y adorarte por siempre."

Terminada su pequeña pero gran oración, el verdugo la decapitó. Fue así, como Julita, con su corazón todo inflamado con amor un santo y lleno de alegría, consumó su sacrificio de amor a Jesús en el año 304

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