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Foto: PolePositionWEB


El atardecer y las primeras horas de la noche han dado un vuelco completo a la carrera, con Porsche en cabeza, los ,Toyota fuera de juego y abriendo la posibilidad de que los LMP2 entren en el podio general.

La noche y Le Mans se llevan bien. Pero como en toda relación hay momentos malos. Y en la 85ª edición el drama ha llegado según la carrera entraba en la oscuridad. La maldición de Toyota ha vuelto.

Tras los problemas en el tren delantero del Porsche #2, que le hicieron perder 20 vueltas con la cabeza, le tocó su parte a Toyota.

Primero el #8 de Buemi, que marchaba segundo, entró en boxes después de las intensas quejas del suizo con el freno delantero derecho ardiendo. Para descubrir después que tenía un problema con el motor eléctrico delantero. Y dejándose 29 vueltas en la reparación.

Tras la salida del SC antes de la 1.00 de la mañana, el Porsche #1, que rodaba en la misma vuelta que el Toyota #7, perdió más de dos minutos al quedarse en el segundo grupo.

Llegando a perder más de seis minutos tras el coche de seguridad, el drama, la maldición según algunos llamó a la puerta de Toyota.

El #7 de Kobayashi comenzó a perder potencia cuando los SC se marcharon y el japonés no pudo volver a boxes. El Porsche #1 tomó el liderato con dos vueltas de ventaja sobre el Toyota #9.

Pero la noche ya no podía continuar su fluir sin volver a traer drama a la campiña francesa. El #9 trompeó en la primera curva del circuito debido a un pinchazo en su trasera izquierda y trató de completar una vuelta entera, parando y arrancando varias veces, para llegar a boxes. Unos boxes con lágrimas que no le recibieron.

Los aplausos a Nicolás Lapierre camino del box en el hospitality de los invitados de la marca japonesa y en el propio box no consiguieron acallar el grito de rabia de una maldición que sigue volviendo.

Los LMP2 acarician la conquista de Le Mans, después de todo.
 
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