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Foto: @telecincoes
El presidente norteamericano defendió su política migratoria y dijo que Estados Unidos no será un "campamento de migrantes".

El presidente Donald Trump defendió su política migratoria y dijo que Estados Unidos no será un "campamento de migrantes", en medio de críticas a su gobierno de parte de la ONU y de su Partido Republicano, incluyendo a la ex primera dama Laura Bush, por la separación forzosa de niños y padres migrantes en la frontera con México.

En una señal de las tensiones emocionales por la cuestión, hasta la primera dama, Melania Trump, se manifestó en contra de las separaciones, un tema que ha suscitado fuertes cuestionamientos de la oposición demócrata de los que se han hecho eco algunos republicanos.


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Enfrentado a la crisis, Trump se mantuvo desafiante pese a que legisladores demócratas acusaron al gobierno de mantener a chicos en "jaulas" separados de sus encarcelados padres y a que Amnistía Internacional (AI) comparó la práctica con la "tortura".

El mandatario, que ha dicho varias veces que quiere que las separaciones terminen pero no se ha hecho responsable por ellas, volvió a acusar a los demócratas, a quienes echa la culpa por bloquear en el Congreso la aprobación de una ley sobre la cuestión más amplia de la inmigración ilegal.

"Digo que es culpa de los demócratas. Estados Unidos no será un campamento de migrantes y no será una instalación de albergue de refugiados", señaló el mandatario en la Casa Blanca.

"Lo que está ocurriendo en Europa y otros lugares, no lo permitiré, no bajo mi vigilancia", agregó, en alusión a la crisis migratoria europea, que ha vuelto a recrudecer y a dividir al continente a medida que se acerca el verano y más refugiados intentan cruzar las aguas más calmas de Mediterráneo para llegar clandestinamente a Europa.

En la misma línea de responsabilizar a los demócratas, la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, dijo que el gobierno no tiene por qué pedir disculpas y rechazó críticas de que la cartera a su cargo se comporta de manera inhumana e inmoral.

"No estamos haciendo ninguna de esas cosas. Estamos haciendo cumplir las leyes sancionadas por el Congreso", dijo la funcionaria en una aparición ante la Asociación Nacional de Sheriffs en Nueva Orleáns, en la que llamó al Congreso a reformar las leyes inmigratorias.

Casi 2.000 niños migrantes fueron separados de sus familias en un periodo de seis semanas en abril y el mes pasado luego de que el fiscal general Jeff Sessions anunciara una nueva política de "tolerancia cero" según la cual todo ingreso ilegal a Estados Unidos es referido a la justicia para el procesamiento de los acusados.

Los protocolos de Estados Unidos prohíben detener a los niños junto a sus padres porque sólo los adultos pueden ser acusados de un delito.


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Nielsen dijo que liberar a los padres con sus chicos equivaldría a política de "carta franca para salir de la cárcel" que beneficiaría a quienes han cometido un delito, informó la cadena de noticias CNN.

Al intervenir ante la misma conferencia, Sessions cerró filas tras Nielsen en defensa de la política y pidió al Congreso que actúe y apruebe los fondos para construir el muro que Trump quiere levantar en la frontera con México, en el sur del país, para combatir la inmigración ilegal.

"No queremos separar a los padres de sus chicos. Si construimos el muro, si sancionamos una ley para terminar con la anarquía, no enfrentaremos estas opciones terribles", declaró.

La ONU ha calificado las separaciones de excesivas, y su secretario general, António Guterres, dijo hoy que los niños "no deben ser traumatizados separándolos de sus padres".

Amnistía Internacional (AI) condenó la política "exageradamente cruel". "Esto no es muy distinto de la tortura", dijo Erika Guevara-Rosas, directora de AI para las Américas. En preparativos para la llegada de más chicos, autoridades estadounidenses planean construir campamentos en bases militares de Texas.

En el plano interno, las críticas están escalando desde ambos partidos mayoritarios. En una columna publicada en el diario The Washington Post, la texana Laura Bush lanzó algunas de las críticas más duras hasta ahora de parte de los republicanos.
“Vivo en un estado fronterizo. Aprecio la necesidad de proteger nuestras fronteras internacionales, pero esta política de tolerancia cero es cruel. Y rompe mi corazón", escribió.

Incluso la mujer de Trump, Melania, quien acostumbra mantenerse al margen de los debates políticos más calientes, se involucró en la disputa.


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"La señora Trump odia ver a los niños separados de sus familias", dijo su directora de comunicación, Stephanie Grisham, y añadió que la primera dama espera que republicanos y demócratas en el Congreso "puedan finalmente ponerse de acuerdo para lograr una reforma migratoria exitosa".

En medio de profundas divisiones, legisladores republicanos están trabajando en opciones legislativas para lidiar con la crisis, que podrían votarse la semana próxima.

"Algunos integrantes del gobierno han decidido que esta política cruel incrementa su capacidad de maniobra legislativa. Esto es falso", dijo el senador republicano, Ben Basee, un crítico ocasional de Trump.

"Los estadounidenses no tomamos a niños de rehenes. Punto.", subrayó. Los demócratas, en tanto, redoblaron su oposición, luego de que varios legisladores viajaran a centro de detención de Texas donde están albergados cientos de chicos.

"Entré a esas instalaciones ayer. Son jaulas", dijo el congresista Mark Pocan.

La líder de la bancada de congresistas demócratas, Nancy Pelosi, sentenció que "la política de separación de familias del presidente Trump deja una oscura mancha sobre nuestra nación".

"Arrancar de sus padres a pequeños niños vulnerables es una atrocidad total que degrada los valores estadounidenses", añadió.


Cadena3

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