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= Foto: La Arena = 

«Diego es muy humano, muy normal; es puro corazón». La que habla es Lucía Márquez, licenciada en Nutrición, santarroseña y que desde 2015 está trabajando en los diferentes planteles de fútbol de Gimnasia y Esgrima La Plata. 

Y Diego es Maradona, el ídolo que revolucionó al Lobo y que desde su llegada convocó a la pampeana a sumarse a su grupo de trabajo. 

«La verdad es que nunca imaginé que Diego Maradona iba a ser mi compañero», resume con una sonrisa la joven en una charla con Radio Noticias, en la que habla del Diego humano, sencillo, humilde, profesional y preocupado por los demás. A tal punto que, si no fuera por la locura que genera cada vez que salen de La Plata, pasaría desapercibido como un laburante más.



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Un «desmayo»

«En agosto de 2015 empecé a hacer trabajos ad honorem en el club, porque aún no tenía el título, y entonces colaboraba con algunas cosas en el predio El Bosquecito, donde trabajan los más chicos», cuenta Lucía al recordar su llegada a Gimnasia, club en el que poco a poco comenzó a ganarse un lugar.

Las infantiles primero, las inferiores después, las juveniles y finalmente la Reserva fueron requiriendo sus conocimientos, convirtiéndose -ya con el título bajo el brazo- en la nutricionista de los diferentes planteles de fútbol del Lobo. «En 2017 teníamos a cargo como 500 jugadores entre todas las categorías», destaca.

«Siempre había tenido la intención de trabajar con la Primera División, y cuando estuvieron como técnicos (Pedro) Troglio y (Darío) Ortiz me fui acercando dando algunas charlas. Pero cuando en septiembre del año pasado llega Diego Maradona, lo primero que pensé es que se caía todo, porque Diego podía llamar a cualquier nutricionista que se le ocurra…», repasa.



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Y relata el paso a paso de lo que fue su salto al equipo de Diego: «En el primer partido que nos dirige como DT, contra Racing, yo voy como hincha a la tribuna. Nos va mal, y cuando me estoy yendo después del partido me llega un mensaje preguntándome si podía ir a una reunión con el cuerpo técnico… ¡Casi infarto!», exagera la pampeana al resumir sus sensaciones tras aquel llamado inesperado.

«Primero pensé que sería para que les hable sobre los chicos de Reserva y les cuente cómo están en su composición corporal y demás. Pero cuando me reúno con el profe me cuenta que el cuerpo técnico quería una nutricionista y que querían trabajar conmigo… Y que al día siguiente tenía que empezar a trabajar», explicó.


– ¿Y cómo fue ese primer contacto con Diego?
– Casi me desmayo; me temblaba todo el cuerpo. A diferencia de lo que pensábamos, que iba a estar súper custodiado, él ya había demostrado que estaba abierto a todos. Incluso en los primeros días que llegaba al predio en su camioneta se bajaba, se sacaba fotos con algunos juveniles y no tenía problemas con nada. Pero cuando me lo presentaron, sabiendo que iba a trabajar con él, casi me desmayo. Siempre había soñado con el desafío de trabajar con el plantel profesional, pero con Maradona ese desafío se multiplicaba por diez.

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Un tipo común.

«Al otro día empecé a trabajar con la Primera y tuve que dejar a los juveniles, porque el tiempo que te lleva un plantel profesional es enorme. Hay que viajar, programar los menús de los hoteles, las viandas, controlar todo lo que van a comer cada día, organizar las ingestas antes y durante los partidos. Es muy demandante…», dice con entusiasmo la santarroseña, que a partir de ese llamado comenzó a compartir el día a día con una de las personalidades más atrayentes del mundo.

Sin embargo, destacó la calidez humana y sensible del Diez, a tal punto de llegar a contar que tiene una hija que se llama Dalma, como si alguien no lo supiera. «Es una persona común y corriente, que por ahí hasta se olvida que es Maradona. Te dice, ‘yo tengo una hija que se llama Dalma’… ¡Y sí Diego, ya lo sabemos todos!», expresa Lucía como para mostrar a un Diego despojado de todo tipo de coronas o pergaminos que podrían elevarlo a un eterno altar.



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«Cuando llega a trabajar saluda uno por uno a todos los integrantes del club, y cuando se va otra vez. Comemos en la misma mesa… Como yo manejo el menú, al principio me imaginé que me iba a pedir algo rarísimo. Pero no, si comemos milanesas con puré, él come milanesas con puré, y así con todo. La mesa es del cuerpo técnico y médico, y estamos todos juntos compartiendo todo», remarca la profesional pampeana.

Y agrega: «Cuando concentramos, él se levanta y desayuna con el resto. Le llevás un café y no lo podés creer. A mí, todavía hoy, me sigue temblando el cuerpo cuando le sirvo un café».


– ¿Se cuida con las comidas?
– Diego come poco; no es de tener mucho apetito. Por ejemplo, los días de partidos, en los que comemos pizza para cargar hidratos de carbono, él comerá dos porciones como mucho.



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Un corazón enorme.

«Diego es muy humano; es puro corazón y muy atento con todos. Y siempre motiva, hasta con nosotros mismos, los empleados; nos alienta y está pendiente de cómo estamos», resalta la pampeana, y destaca el profesionalismo del Diez.

«Observa todo; vos creés que está en otra cosa, pero al ratito te pregunta por lo que pasó en tal o cual lugar. Siempre está pendiente de cada detalle y valora el trabajo de cada uno. Con respecto a la nutrición, cada quince o veinte días me pregunta cómo vienen las evaluaciones, cómo vienen los jugadores, y después va y felicita a los que mejoraron y aprieta a los que están más o menos», confía la nutricionista, a quien Diego llama «doctora».

«La verdad es que no me acostumbro a que sea Maradona. Como lo ves así, tan normal, alcanzándole agua o un edulcorante, no tomás dimensión de lo que es. ¿Sabés cuándo te das cuenta que es Maradona?, cuando viajamos y llegamos a las canchas. Todos golpean el micro, gritan, se genera un descontrol enorme, se enloquecen por ver a Diego. Y ahí te das cuenta de la suerte que tenés de estar al lado de Maradona…», cierra Lucía Márquez, la santarroseña que le da de comer a ‘Dios’.



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«Se venía abajo».

«Diego es muy emocional y lo demuestra ante cada gesto, sobre todo en clubes que ama mucho y a los que le tiene mucho cariño. En Rosario, por ejemplo, fue una locura el recibimiento», destacó Lucía Márquez al hacer referencia a los distintos homenajes que le han hecho a Maradona en cada visita. «En La Bombonera también; vibraba… Yo me quedé en el vestuario para acomodar las frutas y lo que consumen los jugadores en el entretiempo, y sentía que se venía abajo, que se iba a desmoronar. Dicen que se mueve y es verdad; se mueve», aseguró.


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Diego con La Chueca

Lucía Márquez confió que en una charla con Diego Maradona le mostró una nota en la que LA CHUECA había recordado su paso por La Pampa, 25 años después. 

"Cuando le mostré la nota y las fotos que estaban publicadas empezó a recordar todo; que había entrenado con un boxeador (Miguel Campanino), que había estado con tal otro… Tiene una memoria increíble", dijo la santarroseña.


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