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Foto: WEB
En el día de ayer, la Dra.Cecilia Inés Domínguez, delegada provincial de la AFADA (Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales), solicitó mediante una nota al ministro de Seguridad de La Pampa, Juan Carlos Tierno, que no brinde los servicios adicionales de seguridad de la Policía en las carreras ilegales de caballos o cuadreras.

Según el comunicado enviado a los medios de prensa, la ONG reclamó a Tierno que “se instruya al jefe de la Policía Provincial que ‘emita una circular que prohíba la prestación de ‘servicios adicionales de seguridad’ a la Policía en todo evento o competencia relacionada con la actividad hípica ilegal (también llamada ‘cuadreras’) dentro del territorio provincial’ y que proceda a la inmediata localización de los lugares en los que se desarrollen estas carreras ilegales de caballos en toda la provincia y a la individualización y persecución penal de sus organizadores, dueños o propietarios de Clubes o Establecimientos Hípicos donde ellas se realicen, como también, de otros autores cómplices o encubridores relacionados a ellas (propietarios de caballos, dueños de haras o studs, veterinarios, responsables de blogs, páginas web y perfiles de Facebook donde se promocionen estos eventos, etcétera)”.
La medida busca poner “en Jaque” no sólo al Ministerio de Seguridad del Gobierno Provincial, que deberá optar por “seguir manteniendo la Seguridad en las denominadas Cuadreras” (a costa de posibles denuncias en su contra), o “prohibir la participación de los agentes del orden en estas actividades ilícitas”, sino también, al Ente de Contralor de los Juegos de Azar de la Pcia. (Instituto de Loterías y Casinos) que deberá extremar las medidas de fiscalización y control para impedir el juego y las apuestas clandestinas en este tipo de competencias.

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Además, AFADA señala que: “las Carreras de Perros (principalmente de la raza “Galgos”) tienen estrechas similitudes con las Carreras de Caballos Ilegales (o Cuadreras) donde por lo general sus partícipes son de un mismo nivel cultural y social, se dedican de modo frecuente a estas actividades sustentado en un sistema de “Juegos y Apuestas Clandestinas”, donde tampoco existe control alguno del Bienestar Animal de los Equinos que son utilizados en esas competencias, y que sirven de “pantalla” a otras actividades ilícitas como el “maltrato animal” (Ley Nac. N° 14346), “dopaje de animales” (art. 18, 111 y cc. De la ley n° 26912/13), juego ilegal o clandestino (art. 301 bis del cp), ejercicio ilegal de la medicina veterinaria (art. 247, 1er. Párrafo, del cp), violacion de los deberes de funcionarios publicos (art. 248 y 249 del cp) y asociacion ilicita (art. 210 del cp) entre otros."
En otro pasaje del comunicado y con duras expresiones hacia los Agentes del Orden, el texto señala que: “Los Funcionarios Policiales ni se inmutan frente a estos hechos ilícitos, cuando tienen el deber de actuar de oficio, ante su anoticiamiento, muchas veces por la “propia excitación” que provoca la actividad, muchas veces por “ignorancia” (no saben que el Maltrato Animal está penado, o que las Apuestas que se realizan alli son ilegales porque no cuentan con la autorización oficial del Organismo de Contralor respectivo (en el caso, el “Instituto de Loterías y Casinos de la Pcia. De Ctes.), muchas veces por “necesidad económica” al prestar servicios adicionales de seguridad (lo que en modo alguno justifica la “participación” de los Agentes del Orden en actividades criminosas), pero la mayoría de las veces, por la propia “connivencia del personal policial” con los organizadores y otros involucrados, permitiendo con ello el desarrollo de estas actividades ilícitas a lo largo y ancho de nuestro país bajo un aparente “ropaje legal” que se pretende imprimir por la presencia de los Uniformados en estos eventos, manteniendo la impunidad de delincuentes de modo indefinido (sine die)” 

Las Fuerzas de Seguridad -sostuvo la ONG- están impedidas legalmente de participar en actividades ilícitas (aunque en la práctica lo hagan), pero lo que no es admisible, desde ningún punto de vista, es que el Estado siga autorizando (implícitamente) el desarrollo de actividades ilegales mediante la intervención de las fuerzas de seguridad locales en ellas, permitiendo que sus Agentes de Seguridad, por el hecho de ganar un ‘dinero extra’ se transformen en ‘delincuentes uniformados’. El Estado está para brindar seguridad ciudadana y no para proteger delincuentes”.

“Por otra parte -agregó- las fuerzas de seguridad tienen el deber ineludible de actuar de oficio y en forma urgente ante la comisión del delito, realizando las diligencias urgentes y necesarias para acreditar la existencia de los hechos y la determinación de sus responsables, para evitar que el delito se siga cometiendo y colocar a sus autores a disposición de la Justicia, ya que si no lo hacen, estarían incurriendo en incumplimiento del deber de funcionario público, lo que su vez, también puede ser denunciado ante una Fiscalía o ante el propio Ministerio de Seguridad, hecho que no ha sido posible lograr en los últimos años, por el evidente desinterés, ignorancia e inexperiencia del personal policial en el tratamiento y prevención de la problemática citada”.

Además, pidió al ente controlador de los juegos que “deberá extremar las medidas de fiscalización y control para impedir el juego y las apuestas clandestinas” en este tipo de competencias.

La AFADA recordó que el 27 de agosto del año pasado, el Jockey Club de la localidad de Goya (Corrientes) fue noticia en todos los medios del país cuando en una carrera ilegal de caballos la yegua de nombre “Doña Fantasía”, propiedad del futbolista José “Pepe” Sand, cayó desplomada y murió de un presunto “paro cardiorespiratorio”, causada por el suministro ilegal de drogas prohibidas.
El hecho dio lugar a una investigación penal en aquella localidad correntina en la que han sido “imputados” por “maltrato y crueldad animal”, además de personajes públicos y empresarios, funcionarios policiales que prestaban “servicios adicionales de seguridad” en el evento.

AFADA equiparó las carreras de caballos ilegales a las de perros, recientemente prohibidas en todo el país. “Las Carreras de Perros (principalmente de la raza “Galgos”) tienen estrechas similitudes con las Carreras de Caballos Ilegales (o Cuadreras) donde por lo general sus partícipes son de un mismo nivel cultural y social, se dedican de modo frecuente a estas actividades sustentado en un sistema de juegos y apuestas clandestinas, donde tampoco existe control alguno del Bienestar Animal de los Equinos que son utilizados en esas competencias, y que sirven de ‘pantalla’ a otras actividades ilícitas”.

Los animales son entrenados diaria y rigurosamente en base a ‘castigos corporales’; aislados días previos al evento donde ‘irán a sufrir’; y luego, son llevados sin agua y sin comida, en trailers ‘de la medida del equino’, sin espacio suficiente para poder moverse libremente, ni girar, ni recostarse, expuestos a las inclemencias del tiempo, y al estado de las rutas (que unen los campos en los que estos animales viven y el circunstancial ‘lugar de la competencia’)”.

Al llegar a las ‘pistas clandestinas’ son infiltrados con estimulantes, analgésicos u otras sustancias ilegales para que mejoren el rendimiento físico (la mayoría de las veces sin conocimiento de los organizadores y dueños de los establecimientos, y a veces también, con el ‘visto bueno’ de ellos)”, dijo la ONG. 

El suministro de drogas se realiza, la mayoría de las veces, por personas que no tienen título habilitante’ para ello (con la total displicencia de los organizadores, dueños de hípicos, y demás público participante), al momento de la competencia son obligados a ingresar a las ‘gateras’, muchas veces a los golpes y ‘contra la propia voluntad del animal’, bajo un público ignorante y enardecido que, al mismo tiempo que el animal se encuentra en el lugar de partida, grita cualquier cosa, provocando un ensordecimiento general y gran stress a los caballos participantes (que pueden ser dos, tres, cuatro o más). Cuando empieza la carrera, el animal corre entre 200, 300, 400 o hasta 1000 mts. en algunos casos, bajo el sistemático castigo del jockey con una ‘fusta’, hasta llegar al final dentro de un gran agotamiento físico, que muchas veces termina con lesiones o la propia muerte del ejemplar…”, relató.

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