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Personal de la Brigada de Investigaciones de la UR-I detuvo el martes por la noche a quien sería el segundo involucrado en el robo a mano armada en el que le sustrajeron a un joven de 36 años la suma de 85 mil pesos.


El sospechoso estaba prófugo desde el lunes por la noche, cuando se tiró del vehículo en el que escapaba y se fue corriendo, presuntamente con el arma y el botín. Sin embargo, anoche fue visto en el barrio Pueblos Originarios. 

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Según publicó La Arena, de fuentes policiales, alrededor de las 23.30, el personal de la Brigada realizó una recorrida por la zona, debido a que tras una exhaustiva investigación presumían que podía estar en el lugar.

En un momento, mientras estaban circulando por la calle Ramona Pereyra, a escasos metros de la intersección con Calo, observaron que el sospechoso salía de una vivienda donde reside su hermano. «Salió hablando por celular», precisaron.

Ante esto, los efectivos inmediatamente lo detuvieron y lo trasladaron a la sede de la Brigada. A su vez, secuestraron un teléfono celular y otros elementos de interés para la causa.

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Formalizados

Tras ser detenidos, uno de ellos alojado en la Seccional Primera y el otro en la sede de la Brigada de Investigaciones, fuentes judiciales informaron a este diario que ambos fueron formalizados ayer por el juez de control Néstor Daniel Ralli. 

A pedido del fiscal Facundo Bon Dergham, se les imputó el delito de «robo calificado por el uso de arma de fuego» y se les dictó la prisión preventiva por un plazo de noventa días.

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Durante ese período, se realizarán distintas medidas, como una rueda de reconocimiento, y se analizarán las pruebas recolectadas en los secuestros. Entre ellas, precisaron, se encuentra el vehículo en el que escaparon, un Ford Focus, y teléfonos celulares.

Por otro lado, anticiparon que se pudo establecer el vínculo entre los dos detenidos y que se está analizando si efectivamente existió una «entregadora» que brindó los datos.

En ese sentido, indicaron que por el momento no se cuenta con «elementos suficientes para formular una imputación». Por estos motivos, la mujer de la que se sospechaba hasta el momento no fue detenida ni se la culpó de ningún delito. De todas maneras, aclararon que «se está investigando».

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El hecho

Tal como informó este diario en su edición de ayer, el robo ocurrió el pasado lunes alrededor de las 20 horas en un domicilio ubicado en la calle Allan Kardec, del barrio Colonia Escalante.

La víctima, un hombre de 36 años que es empleado de una distribuidora de lácteos, solicitó la presencia policial luego de que «dos hombres le golpearon la puerta y cuando abrió, observó que había dos hombres encapuchados. Uno de ellos le pegó un golpe de puño en el rostro y de esa manera ingresan al domicilio», según precisaron fuentes policiales.

Luego de un forcejeo, lograron reducirlo y uno de ellos lo amenazó, presuntamente, con una pistola «para que no se mueva».

Mientras tanto, el otro aprovechó y sustrajo «dos cajas de whisky donde tenía aproximadamente 85 mil pesos y un celular».

Luego, se dieron a la fuga, mientras que el damnificado comenzó a perseguirlos. En ese momento, observó cuando se subieron a un Ford Focus color gris y tomó nota de la patente.

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Con la información de la patente, personal policial interceptó en la Avenida Santiago Marzo y Pueyrredón un automóvil que tenía características similares. 

El personal intentó frenarlo, pero el conductor hizo caso omiso e ingresó al barrio Santa María de La Pampa. Allí, en la calle Carman, el hombre que iba como acompañante «se tiró del vehículo, aparentemente con el dinero y con el arma».

Por su parte, el conductor volvió a emprender la fuga hasta llegar a la calle Ortiz. Sin embargo, al llegar fue interceptado por un móvil de la Seccional Segunda y finalmente demorado. En ese momento, se constató que se trataba de un joven de 29 años que poseía antecedentes penales.

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¿Una entregadora?

Tras la detención, la Seccional Primera comenzó una investigación y, en ese marco, se realizaron varios allanamientos. En las tareas, intervino también la Brigada de Investigaciones de la UR-I.

Uno de los procedimientos se llevó a cabo en la calle Anza, entre Chile y Pio XII debido a que, según pudieron constatar los investigadores, allí vive quien aparentemente habría sido «la supuesta entregadora, que es una chica que ejerce la prostitución». 

Según indicaron, la sospechosa «había estado el día anterior en la casa del damnificado», y se presume que es quien «lo vendió» y pasó el dato.


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