GuidePedia

= Foto: El Litoral = 
Se cumplen este sábado los 200 años del fallecimiento del general Manuel Belgrano. Un hombre sobresaliente en su tiempo y que traspasó su época. Su nombre está fuertemente asociado a la bandera nacional, pero Belgrano fue mucho más que un creador de este símbolo patrio. Polifacético y exitoso en su rol de integrador de una nación incipiente, el porteño se destacó y merece un lugar destacadísimo en la historia grande argentina. 




¿Fue el porteño más grande de la historia? Probablemente sí. Su aporte a la gestación de la República Argentina actual fue decisivo. Dejó cuerpo y alma en las Provincias Unidas de Sudamérica que se organizaron en esos 10 años, entre 1810 y 1820, en que su aporte fue enorme, vital, magnánimo. Se cumplen hoy 200 años de la muerte de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano.


PUBLICIDAD


Un porteño hijo de un italiano, Domenico (Domingo) Belgrano, llegado desde Liguria (zona noroeste de Italia) en una época, segunda mitad del siglo XVIII, donde unos pocos aventureros europeos se adentraron en el Océano Atlántico para comerciar en América.

El padre de Manuel, un comerciante exitoso, se unió a la argentina María Josefa González Casero y el 3 de junio de 1770 nació en Buenos Aires el creador de la bandera argentina. Fue uno de los 16 hermanos que la pareja tuvo. Hace 250 años comenzó su vida uno de los hombres más importantes de la historia de Argentina.

Hoy se cumplen 200 de su muerte en la misma ciudad donde nació. Sus restos descansan en una iglesia de la Capital Federal. En la iglesia de Santo Domingo, muy cerca del Colegio Nacional de Buenos Aires (llamado San Carlos en aquella época) donde asistió como alumno, está la tumba del gran Manuel. Su mausoleo pasa hasta desapercibido entre las dimensiones y atractivos de la capital nacional. Sobre la avenida que lleva su apellido esquina con calle Defensa se encuentra su tumba.

Quedó en la historia oficial armada por el porteño Bartolomé Mitre como el creador de la bandera. Sin embargo, su aporte fue mucho más allá. Combatió en los campos de batalla, planificó en los escritorios, contribuyó grandemente en la organización de un país que se separó de su gobierno transatlántico. Un todoterreno que le aportó todos sus esfuerzos a la construcción de las Provincias Unidas de Sudamérica.


PUBLICIDAD


Un valiente

El historiador Miguel Carrillo Bascary, miembro de la Instituto Nacional Belgraniano (de Buenos Aires) y de la Academia Nacional de Historia, recuerda su figura para El Litoral: “Belgrano decía: ‘La vida es nada si la libertad se pierde’. Eso es clave porque es la libertad lo que nos hace ser hombres. En este sentido, las máximas que nos ha dejado Belgrano a lo largo de todos sus escritos, algunos de los cuales tenemos en el Monumento a la Bandera grabados en mármol, son muy significativas”.

Por su parte, Eduardo Grassi, integrante del Instituto Belgraniano de Rosario, asegura: “La mejor manera de homenajearlo es no solamente reconociéndolo, sino activando las acciones que él dejó inconclusas, que él pretendía poner en juego para el bien del país”.

Juan Pablo Bello, miembro de la misma entidad, asegura: “Lamentablemente lo damos a conocer solamente como el creador de la bandera. Fue la parte de la historia que le entregó Mitre cuando hizo nuestro relato histórico. Tenemos que hablar de Belgrano como algo más que eso. Fue un creador de pueblos, un valiente porque cuando se pone al frente de las batallas, él no tenía conocimientos militares. Como persona, alguien muy lúcido, muy valiente. Como político, fue un estratega de cómo armar un país”.


PUBLICIDAD


La primera enseña patria

Si bien se recuerda a Manuel Belgrano el 20 de junio, su día de fallecimiento, su emprendimiento más trascendental en territorio santafesino la realizó el 27 de febrero de 1812. Aquel día, presentó un símbolo propio escindido de los colores amarillo y rojo del Reino de España, que pretendía en aquella época seguir gobernando a sus colonias desde la villa de Madrid.

La versión infantil que se enseña en la escuela primaria sobre el origen de los colores de la bandera argentina hace referencia a los colores del cielo. Eso se les sigue contando a los niños en la actualidad sobre esa enseña patria.

Otro motivo para la elección de esas tonalidades se dice que fueron los colores de la casa de los Borbones. Esa familia real, que gobernaba España en aquel tiempo, usaba una banda celeste, blanca y celeste en las ceremonias oficiales.

Sin embargo, los estudiosos de la historia nacional llegaron a otras conclusiones. La bandera izada por Belgrano fue mitad blanca arriba y mitad celeste abajo. Así fue la tela original que no pudo ser conservada hasta nuestros días.

Carrillo menciona un cuadro que se le pintó a Manuel en Londres en 1815: “Ahí está representada una batalla, que se entiende que es la batalla de Salta, su principal triunfo. En ese lugar se ven dos banderas, que eran blanca arriba y celeste abajo en dos franjas horizontales. Nada más que dos franjas”.

Bello afirma: “Con respecto a los colores, hay varias posturas de historiadores que tienen su tesis. Yo adhiero a la que era bicolor. Una franja blanca y una celeste en ese sentido. No azul. Estaba desprovista de cualquier otro símbolo como podría llegar a ser el sol”.

La elección de esas dos tonalidades no es casual al venir de Manuel Belgrano. Miguel Carrillo lo explica: “Sabemos que Belgrano era una persona muy devota de la Virgen María. Y tengamos en cuenta que el hermano de Belgrano dejó escrito en sus memorias que Belgrano había creado la bandera teniendo en cuenta la vestimenta de la Virgen María en la advocación de la Inmaculada Concepción que se la representa con un vestido blanco y un manto celeste. De tal manera que el vestido queda en el centro y el manto hace como si fuera la franja celeste. Pasa 1812, 1813, Belgrano mantiene la bandera como bandera del ejército después que Rivadavia le había ordenado que la ocultara. Sin embargo, en otros lugares, se empiezan a usar con tres franjas. De ahí que se modifica el concepto de la bandera y en 1816 el Congreso de Tucumán le establece la forma con que la conocemos hoy”.



PUBLICIDAD


La ubicación del mástil

Entre las discusiones de aquel izamiento pionero también está si hubo un mástil o no. Y en caso de haber habido un poste, dónde se ubicó. Carrillo despeja todas las dudas: “ (Fue izada la bandera) Evidentemente en un mástil. No la clásica figurita en que se lo ve a Belgrano a caballo y con la bandera en la mano”.

La zona actual del Monumento Nacional a la Bandera no se parece en nada a su aspecto en 1812, según explica Miguel: “Era una especie de pantano donde cuando el río crecía lo llenaba de agua. Se llamaba el Bajío de los Sauces. De manera que en realidad el Monumento está ubicado en lo que era la barranca. Una barranca de 15, 20 metros de alto. Arriba se colocó la batería Libertad donde se izó por primera vez la bandera. Era un descampado extendido entre la pequeña capilla de Nuestra Señora del Rosario y el borde de la barranca”.

Bello agrega: “(Rosario) Era un caserío. Era una capilla que tenía a unas 600 personas alrededor. Rosario era muy sencilla, no era ni siquiera una villa. Dependía del Cabildo de Santa Fe. Era algo minúsculo. La importancia de Rosario por la cual se colocaron las baterías es porque Hipólito Vieytes un año antes hizo un estudio y dijo que este paraje era ideal para poder frenar las incursiones españolas que venían del puerto de Montevideo”.

Miguel Carrillo agrega un dato más: “¿Qué queda del Rosario de 1812? Solamente una cosa. La imagen de Nuestra Señora del Rosario que se venera en la cripta de la catedral. Es la imagen que llegó acá en 1773 (desde Cádiz, España) que los rosarinos de entonces veneraban ante la cual evidentemente Belgrano habrá orado en los distintos momentos en que estuve en Rosario. Por lo demás, no queda ni un ladrillo de aquella época”.



PUBLICIDAD


El legado de este gran argentino

El general Belgrano dedicó su vida a la integración de un país muy grande a nivel territorial como la República Argentina. Recorrió el Virreinato del Río de la Plata de punta a punta. Estuvo en Jujuy y fue el gran artífice del Éxodo Jujeño. Pasó por Formosa de paso a Asunción. Combatió en Salta, Tucumán, Ayohuma (departamento de Potosí, sur de la actual Bolivia) y Vilcapugio (también en el sur boliviano). Se unió a José de San Martín, el gran militar argentino de todos los tiempos.

 Trascendió ampliamente su época tras esos 50 años de dedicación a su patria natal. ¿Su mayor legado? “La idea de patria, de un país unido, sudamericano. Cuando se jura a la bandera, se hace a través de las Provincias Unidas de Sudamérica. También sus escritos económicos son muy importantes. Él fue designado funcionario consular mucho antes de 1810 y esos escritos son muy importantes”.

Grassi asegura: “Él murió totalmente en el olvido. Un periódico de poca circulación solamente dio la novedad de que había muerto el general Belgrano. Fue olvidado durante casi 30 años. Se lo empieza a reconocer 30 años después de su muerte. Eso es lamentable por lo que había dejado. La herencia intelectual que había dejado. No económica. Murió en la pobreza total”.

¿Y qué pensaría Manuel Belgrano sobre la República Argentina de 2020? 

Grassi esboza una respuesta sobre algo totalmente contrafáctico: “Lamentablemente se ofendería de todo lo que está pasando en general. Y no de ahora, sino de muchos años a esta parte. Sin ir más lejos, en la educación. El atraso que tenemos en educación todo el mundo lo sabe. Las estadísticas asustan”.



PUBLICIDAD



Como cualquier ser humano, tuvo errores y puede ser criticado desde algunos puntos de vista. Uno de ellos, sus fallas como general en batalla. 

Bajo la sombra de San Martín, en los últimos años logró ser reivindicado y su figura cobró más fuerza propia. 

Falleció el 20 de junio de 1820. Lo dejó todo por las Provincias Unidas de Sudamérica.

Incluso su dinero, el que gastó para solventar los viáticos de sus soldados en sus campañas bélicas. 

Eso lo llevó a tener que darle a su médico un reloj de oro como forma de pago un día antes de morir. 

Su familia no tuvo fondos para una lápida y entonces se usó el mármol de una cómoda de su hermano Miguel Belgrano. Triste final para el porteño más grande de la historia.



Por Hernán Alvarez | El Litoral

Espacio Publicitario






 
Top